Liderazgo Clínico como motor del conocimiento.

Pública y Sostenible estrena una Tribuna para todo aquel que esté interesado en ofrecer una nueva perspectiva de análisis sobre nuestro SNS/Servicio Regional de Salud. Esperamos que esta oportunidad sirva a profesionales y ciudadanos para profundizar en el debate y formular propuestas en el entorno de nuestra Sanidad.

Recordamos a nuestros lectores que, para próximas tribunas, cualquier propuesta puede ser formulada mediante correo electrónico a sanidadpublicaysostenible@gmail.com

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Comenzamos con un artículo de Jesús Fernández Sanz, experto en gestión sanitaria y Médico de Admisión y Documentación Clínica del Hospital General Universitario de Ciudad Real.

LIDERAZGO CLINICO COMO MOTOR DEL CONOCIMIENTO EN UN HOSPITAL UNIVERSITARIO

‘No muera por ignorarncia’. Este era el lema de la campaña de prevención contra el  SIDA que se difundió en Reino Unido a mediados de los ochenta. El premio nobel Luc Montagnier comenta en su libro Las Batallas de la Vida [1] que, mientras en otros lugares del planeta la gente sigue muriendo de sida, en países como Reino Unido gracias a esta campaña, al espíritu de disciplina de los británicos, y al esfuerzo de inversión en los medios terapéutico, el sida ya no es una enfermedad con un enlace inexorable. El científico Montagnier señala que, aun así, hay que seguir desafiando el fatalismo  presente en la medicina moderna, donde se invoca a veces la predisposición genética, la etiología idiopática o autoinmune como  forma de indicar a los pacientes que la enfermedad se instala de manera crónica y lo único que podemos hacer es paliar los síntomas a un coste excesivamente elevado. Ese es el gran reto de los Hospitales Universitarios. Según un informe conjunto de varias agencias de la ONU, las muertes por sida han caído un 22% en los últimos cinco años. El escenario de crisis puede llevar a plantearse si es asumible mantener durante años tratamientos tan costosos para un porcentaje tan alto de población en esta y otras enfermedades crónicas. Es cierto que es difícil identificar las causas múltiples, prever la aparición de enfermedades crónicas y prevenirnos contra ellas. La revolución está en marcha, sostiene Montagnier, y nada podrá detenerla porque no existe solución mejor para la ciudadanía: una medicina personalizada, integradora y predictiva está llamada a desarrollarse en detrimento de la medicina de crisis. Con una palabra clave: la prevención.

ImageCada Hospital tiene un trasfondo cultural y de valores que es producto de su trayectoria, durante la cual se va configurando una manera propia de aplicar el conocimiento a la resolución de problemas, tanto clínicos como organizativos.  Sólo si un nutrido grupo de profesionales comparten la visión del hospital por el que luchar, se conseguirá superar las dificultades con optimismo. Los Hospitales Universitarios se hallan inmersos en los últimos años en un proceso de evolución hacia la adecuación tecnológica, la mejora continua de la calidad, la autoevaluación, la generación y transmisión del conocimiento, .  Ello supone que los profesionales sanitarios acepten el reto de implicarse en el liderazgo clínico, que tiene que ver con la cultura y valores. Ese será el motor principal  para avanzar en la mejora de la atención a la salud de la población, razón de ser de la profesión. Al fin y al cabo, la gestión del conocimiento en las organizaciones sanitarias busca favorecer la toma de decisiones y las buenas prácticas.

El liderazgo clínico se basa en principios que son comunes y han de ser compartidos en cualquier organización: rendición de cuentas, transparencia, integridad, respeto a los derechos de los ciudadanos, equidad, búsqueda de eficiencia, efectividad  y calidad. Se añaden además la motivación y la participación de los profesionales en el buen gobierno de la sanidad pública, impulsando los valores del profesionalismo. Según Freire[2], el efecto más positivo y necesario de todo ello será inspirar confianza y generar un clima laboral más colaborativo en el  que sea posible innovar, evaluar los cambios y aprender de los errores. Es nuestro deber con respecto a las generaciones siguientes.

El concepto de liderazgo tiene una vertiente fundamentalmente actitudinal. Implica  la  revisión y  actualización continua de la manera de hacer las cosas, actuar como modelo a imitar con una actitud proactiva,  compartir ideas, creer en las potencialidades de los compañeros y favorecer su desarrollo, reconocer la importancia de la labor complementaria de los miembros del equipo, tener integridad y autenticidad. Contrariamente a lo que se podría pensar, el poder y la influencia  del líder se incrementan cuando comparte su poder y conocimiento con otros[3] . En un Hospital Universitario, los profesionales tienen un deber docente y por ello han de convertirse en verdaderos líderes para que otros futuros profesionales puedan integrar información y actitudes y así lograr el conocimiento necesario para saber curar y cuidar: Enseñar bien, haciendo las cosas bien. Por tanto, el liderazgo docente y clínico, supone defender la calidad de la atención sanitaria a nuestros pacientes haciendo buena medicina y enfermería día a día, pero también asumiendo entre todos nuevas iniciativas para hacer más funcionales y eficientes nuestras organizaciones,  ensayando modelos de gestión clínica, buscando el trabajo por procesos entre niveles y con las redes sociales [4].


[1] Montagnier, L (con la colaboración de Vilialard, D). Las Batallas de la Vida. Alianza Editorial, S.A. Madrid, 2009.

[2] Freire, J.M. Rev Calid Asist. 2011; 26 (4): 211-214.

[3] Sampedro Camarena, F. Liderazgo y gestión de la ciencia y de la innovación en un hospital universitario del siglo XXI. Trabajo final del Master MLIC III (2010-2011). Universidad Pompeu Fabra.

[4] Repullo, J. R. Rev Calid Asist 2011; 26 (1): 1-4.